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¿Movilidad social o reproducción de clase en México?

Texto: César Augusto Ricardi Morgavi

Fotografías/Ilustraciones: @caracolsaurio_art

Publicada el domingo 18 de octubre de 2026 en la columna Crónicas del Antropoceno en el periódico EL INFORMADOR.

2026-10-19

Pronto, Social Mobility (1927), la obra clásica del sociólogo ruso naturalizado estadounidense, Pitirim A. Sorokin, cumplirá 100 años. Sorokin mantuvo un importante debate intelectual con Talcott Parsons. Aunque coincidía en que las tasas de movilidad social en las economías industrializadas habían aumentado desde el siglo XVIII, discrepaba en que esta tendencia fuera unilineal y el resultado del avance meritocrático de la modernización. En contraste, sostuvo que las sociedades atraviesan ciclos alternados de mayor y menor movilidad social.

¿México atraviesa actualmente un ciclo de mayor movilidad y ascenso de clase o, por el contrario, uno de fuerte herencia intergeneracional de las posiciones sociales y estancamiento del ascenso?

En América Latina las tasas de movilidad social absoluta, que capturan la movilidad dependiente de los cambios estructurales, muestran niveles mayores entre las mujeres, mientras que las tasas de movilidad relativa, que informan directamente del grado de justicia social, resultan semejantes a las de los varones. México presenta una particularidad: una mayor movilidad relativa femenina.

Entre las generaciones jóvenes de México, los resultados muestran una pérdida de oportunidades netas de movilidad social. Se trata de un proceso de “cierre social” en el que las barreras que separan las clases sociales se vuelven más difíciles de franquear para esta generación. En este proceso, las mujeres jóvenes resultan particularmente expuestas al cierre social.

En Jalisco, las localidades de la ribera del lago de Chapala en el municipio de Poncitlán constituyen un ejemplo significativo: allí, la desigualdad socioambiental condiciona las oportunidades de niños, niñas y jóvenes, reforzando mecanismos de reproducción intergeneracional que limitan la movilidad social futura. La población joven de estas localidades no solo hereda una determinada posición de clase, sino también una exposición desigual al riesgo ambiental.

En el Antropoceno, alcanzar una posición ocupacional superior a la de los padres resulta insuficiente si no se traduce también en mejores condiciones de salud, de vida y de relación con el territorio. Casi un siglo después de Sorokin, vuelve entonces su pregunta por los ciclos de movilidad e inmovilidad: ¿atraviesa México una fase de mayor apertura o de mayor cierre social? Y, si las posiciones están cambiando, ¿lo hacen por las transformaciones estructurales del Antropoceno o por una redistribución efectiva de las oportunidades netas entre géneros, generaciones y territorios independientes del cambio estructural? Espero encontrar las respuestas en el proyecto que lidero de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación y compartirlas pronto en una futura columna.

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