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Ciencia ciudadana y el canto del cenzontle

Texto: Alejandra Galindo-Cruz, Kirey Aurora Barrag谩n-Far铆as

Fotograf铆as/Ilustraciones: Valeria Berrueco

Publicada el domingo 28 de enero de 2026 en la columna Cr贸nicas del Antropoceno en el peri贸dico EL INFORMADOR.

Enero 19, 2026

鈥淎mo el canto del cenzontle, p谩jaro de cuatrocientas voces鈥.

Circulan a煤n entre nuestras manos vestigios de un poema que muchos mexicanos le铆mos alguna vez. 鈥淎mo el canto del cenzontle, p谩jaro de cuatrocientas voces鈥, impreso en el antiguo billete de cien pesos y atribuido a Nezahualc贸yotl, nos acompa帽贸 durante a帽os sin pedir permiso, pasando de mano en mano como una confidencia antigua. Quiz谩 por eso, cuando salimos a contar aves en Navidad, esa l铆nea hoy ausente vuelve a cantar y nos recuerda que escuchar, de verdad escuchar, es un acto cultural, cient铆fico y profundamente humano.
El Conteo Navide帽o de Aves es una de las experiencias de ciencia ciudadana m谩s antiguas del mundo. Con m谩s de 125 a帽os de observaciones continuas, se sostiene gracias a una red de personas que cada invierno afinan o铆do y mirada para registrar la vida que, con plumas, cantos y colores, comparte nuestros territorios cotidianos. En Guadalajara, esta tradici贸n cumple 22 a帽os: dos d茅cadas largas de madrugadas, libretas, binoculares, charlas y caf茅; de encuentros donde la curiosidad vence al cansancio, a las desveladas y a las fiestas decembrinas
Al cierre del a帽o pasado, m谩s de 40 personas se sumaron al esfuerzo colectivo. Caminamos barrancas y parques, siguiendo senderos conocidos desde hace m谩s de dos d茅cadas, atentos a cada sombra, cada movimiento y cada s铆laba en el aire. El resultado: m谩s de 100 especies registradas. Un cenzontle multiplicado por cientos de voces: colibr铆es que chisporrotean, rapaces que trazan c铆rculos lentos en el cielo, guacamayas que gritan, calandrias que cantan.
Contar aves es aprender a mirar el tiempo. Cada especie anotada es un dato que resuena desde d茅cadas pasadas y hacia futuros posibles. La ciencia ciudadana nos ense帽a que el conocimiento no nace 煤nicamente en laboratorios; tambi茅n brota del asombro compartido, de la constancia y de la comunidad. No es necesario tener un antecedente cient铆fico o a帽os de experiencia para participar, s贸lo curiosidad por aprender y por observar nuestro alrededor con diferentes ojos. En un mundo de noticias r谩pidas, el conteo propone lo contrario: paciencia, m茅todo y colaboraci贸n.
Adem谩s, registrar aves en una ciudad como Guadalajara es reconocer que la naturaleza no est谩 afuera, sino entre nosotros. La Barranca de Huentit谩n, tan majestuosa e invisible a la vez, ofrece no solo caminos para corredores, sino tambi茅n refugio a diferentes especies de animales. Lo que ah铆 ocurre importa. Importa para la biodiversidad, para la salud urbana, para la memoria colectiva.

Quiz谩 por eso la frase de Netzahualc贸yotl resuena con tanta fuerza. Amar el canto del cenzontle es amar la diversidad de voces; es aceptar que el mundo se comprende mejor cuando escuchamos muchas perspectivas. El conteo navide帽o de aves es, en esencia, ese ejercicio: una celebraci贸n de la pluralidad, un acuerdo silencioso para conocer y cuidar lo que a煤n canta.
Al final del d铆a, cuando cerramos listas y guardamos binoculares, queda algo m谩s que datos. Queda la certeza de haber participado en una tradici贸n que enlaza generaciones. Queda la esperanza de que, mientras sigamos escuchando y contando, el coro contin煤e. Porque amar el canto del cenzontle tambi茅n es comprometernos a que sus cuatrocientas voces sigan teniendo d贸nde cantar, porque no se puede conservar aquello que no se conoce.

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